Somos cristianas que hemos escuchado el llamado de Dios a vivir una vida de oración y silencio en medio del mundo pero apartadas de el por medio de nuestra vida de clausura. "La llevaré al desierto y hablaré a su corazón" (Os 2, 16). Aunque apartadas del mundo no somos solitarias, sino solidarias con nuestros hermanos, pues los llevamos presentes en las entrañas de Cristo. Las Carmelitas tenemos sed de almas, de que el Reino de Dios se extienda y todos le conozcan y le amen.
Vivimos con la certeza de que por medio de la oración y la entrega silenciosa podremos llegar hasta el último rincón del mundo. "Yo os aseguro; que nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, y en el mundo venidero, la vida eterna (Mc 10 29-31).