La Celda

La celda participa del sentido del desierto, como lugar de encuentro personal con Dios donde, penetradas de su presencia salvadora, estamos llamadas a vivir en sole­dad y donde pasamos, cuando es posible, gran parte de la Jornada. En ella esperaremos vigilantes a Dios por medio del estudio, de la lectura espiritual, de la oración, del trabajo y de otros ejercicios de piedad. Por eso amaremos la celda más que cualquier otro lugar, aparte del oratorio.

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