La Oración

Punto No. 14, Regla O. Carm.

"El oratorio, si se puede hacer cómodamente, construirlo en medio de las celdas y allí os reuniréis de mañana todos los días para participar en la celebración eucarística, cuando las circunstancias lo permitan."

Es por ello que la Oración eucarística es el centro de la Vida Carmelita, junto a la Oración y la Contemplación. La calidad de la oración determina la calidad de la vida comunitaria y del servicio ofrecido a los otros. La meta final de la vida carmelita es la unión con Cristo. Nosotros tratamos de vivir en la presencia de Dios y de aceptar su voluntad en nosotros. Esto nos obliga a escuchar a Dios que nos habla de varias maneras, pero de modo particular con la Sagrada Escritura. La oración es el modo con el cual nos acercamos a Dios, y al tiempo que crecemos en la amistad con Cristo, nuestra oración se convertirá cada vez más sencilla. Nuestra relación con Cristo nos transforma, nos impele a salir de la cárcel de nuestro egoísmo y a caminar hacia el amor puro por Dios y el prójimo. Somos llamados a conseguir un camino de fe, durante el cual somos purificados de todo aquello que no es Dios, a fin de que podamos revestirnos de Cristo. Hacemos lo posible por responder a la llamada de Dios, pero somos conscientes de que al final, sólo Dios puede cambiar nuestros corazones. Esto nos enseña a esperar pacientemente su venida. En el seguir a Cristo con confianza, nos sirven de inspiración los ejemplos y las virtudes de María, la Madre de Jesús, y del Profeta Elías.

Dado que el carisma se da para provecho del mundo entero, para los Carmelitas la oración y la contemplación no son cuestiones privadas entre el hombre y Dios, sino dones que se deben compartir con el mundo. Por este motivo en la Orden existe una cierta propensión por el ministerio de la oración y de la dirección espiritual. El Carmelita es consciente de que la transformación del corazón humano por parte de Dios puede estar escondida a los ojos de los hombres, pero el resultado final es muy importante para nuestro mundo. El camino de la oración es misterioso y va más allá de la razón humana. La oración nos introduce en el Misterio Ultimo.

Oración Comunitaria, Liturgia de las Horas

La Liturgia de las Horas extiende a todos los momentos del día la virtud de la Eucaristía, santificando el tiempo y convirtiéndolo en momentos de salvación. La liturgia en sus varias expresiones, desarrolla en el curso del año todo el misterio de Cristo, «de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo los misterios de la redención para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación; «en cuanto oración pública de la Iglesia, es además fuente de piedad y alimento de la oración personal». Para obtener el fruto debido hace falta que «al recitarla, la mente concuerde con la voz». Para la comprensión de los salmos es necesaria «una mayor instruc­ción litúrgica y bíblica».

La Liturgia de las Horas es uno de los más gozosos deberes de las religiosas. Todas las comunidades están obligadas a celebrarla comunitariamente cada día. Como contemplativas, nosotras, monjas carmelitas, estamos llamadas a ofrecer a los hombres de nuestro tiempo ayudas válidas para la oración y la vida espiritual. Por lo mismo procuraremos dar ocasión y facilidad a los fieles para que participen en la celebración de la Liturgia de las Horas, salvaguardando las debidas exigencias y normas de la clausura

Oración Personal

Nuestro apostolado es la Oración en una vida de entrega total y silenciosa a Dios día a día con un corazón puro, en beneficio del mundo y de las almas, para ello es necesario estar unidas a Cristo por medio de esta oración silenciosa, escuchar su voz y encontrar allí, las fuerzas necesarias para ser fieles a la voluntad del Padre y dar frutos de vida eterna en la iglesia.

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